Protagonistas

 

De la Pulpería al alta gama

El vino y el aguardiente corrían generosos en la Colonia. Vino español. El Vino Carlón que llegaba a los pueblos americanos en toneles, proveniente de la zona de Castellón, de Benicarló y se elaboraba  a base de uva garnacha.

En Europa se lo conocía desde el siglo XIV, cuando se popularizó gracias a una excesiva producción de uva. Esto preocupó a la Corte española. Y por  consecuencia se promulgó  una ley que regulaba la producción y el precio. En nuestras tierras no resultaba barato, aunque tampoco lo era en España, si bien era un producto muy popular.

Se trataba de un tinto denso y de cuerpo, añejado, que solía tener unos 15° de alcohol. Las clases acomodadas de Buenos Aires se lo hacían traer directamente de Benicarló. En las colonias españolas dentro del continente americano, se había prohibido expresamente el cultivo de la uva y por ende la producción de sus derivados. La bebida debía provenir exclusivamente de España.
 
La  demanda era grande y los vinos llegaban cada vez con mayor regularidad a América. La vida social en las colonias intensa , con sus reuniones y saraos, hacía necesaria la compra del Carlón así como de otros vinos que también llegaban, los de uva Malvasía y los de la Rioja española. Esta demanda también trajo como consecuencia que España enviara  vinos nuevos y sin añejar.

En pulperías y almacenes – había más de 400 pulperías en 1810 en Buenos Aires, donde se vendía mucho vino y aguardientes - para “abaratar”, recurrían al viejo truco consensuado por los clientes, de agregarle agua. O servirlo con mucha soda y abundante hielo. Esta “otra” bebida transformó el nombre del vino que, de Carlón pasó a ser Carlín o Carlete.

¿Prohibiciones?


En Cuyo pese a la prohibición expresa de abstenerse de cultivar uva… los cuyanos “rebeldes” no sólo plantaron vides sino que hacìan el “vino patero”. La industria comenzaba a perfilarse.
 
En un principio esta actividad era clandestina y significaba mucho más que la simple elaboración,  era una afirmación de principios,  porque el gobierno español no toleraba que en América se elaborasen productos que pudieran competir con los españoles.  Uno de los principales promotores del vino cuyano fue el Gral. San Martín. Una vez desatado el gusto del pueblo por el vino cuyano, aquella prohibición fue olvidada. En 1852 Sarmiento trae de Chile al francés Michel Aimé Pouget a Mendoza para normalizar la actividad. Y al año siguiente abren un establecimiento fundamental: la escuela Quinta Normal de Agricultura. Pouget lleva a Mendoza viñedos finos de Malbec, Cabernet Sauvignon y Pinot Noir.

Con la llegada de los inmigrantes a principios del 1900 la industria se afianzó y de allí en más la historia es conocida. Corría el año 1914 cuando los bodegueros mendocinos comienzan a perfeccionar sus vinos, para acercarse a los refinados  productos franceses. En 1930, la filoxera acabó con las viñas del Carlón en España, pero Argentina ya producía buen vino.

Rumbo a la excelencia

Años 70, llega desde los Estados Unidos la novedad de los varietales (de un solo tipo de uva identificable en la etiqueta). Los bodegueros argentinos, captaron inmediatamente la idea y  surgieron los primeros Varietales argentinos (San Telmo, Granja Sanmaniego). Luego el auge del Malbec, reconocida como uva fina. Nuestros vinos  comenzaron a perfeccionarse y a competir en los salones internacionales. Vienen capitales del exterior atraídos por el excelente terroir trayendo tecnología, asesores, nuevas ideas. Y levantan bodegas o realizan acuerdos con empresas argentinas. Bodegas fundadoras de nuestra industria que siguen en manos criollas, también apuntan a la excelencia (Luigi Bosca, Catena, Zuccardi). La evolución de la calidad del vino es constante. Nuevos terroirs se suman al mapa vinícola del país. Hoy el vino argentino de alta gama es reconocido en el mundo. Su bandera en tintos el Malbec.