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Olfateando vinos

Nos han servido una copa de vino, en un cristal traslúcido que nos deja ver su hermoso color, las tonalidades… pero luego "los que saben" olfatean, mueven la copa, vuelven a aspirar… ¿Por qué acercamos la nariz al vino?.
 
La respuesta es sencilla. Cuando comemos o bebemos el olfato juega un importantísimo papel. La prueba es que cuando estamos resfriados, el mejor plato ¡no nos sabe a nada!. "El olfato nos provee de las primeras sensaciones y trae a la memoria olores que alguna vez nos impactaron -recuerdos del olfato-". Y experimentamos sensaciones simples y complejas. Pero en el caso de una copa de vino y para disfrutarla al máximo, hay que "pensar" en lo que olemos.
 
Hay una primera olfacción con la copa en reposo. Y una segunda luego de haber hecho girar suavemente la misma para dejar entrar el oxígeno. En la primera inhalación olemos vino, frutas, alcohol si se trata de un vino muy joven. Son los "Aromas Primarios", frutales, propios de la uva.
 
La segunda nos trae más recuerdos y percibimos complejidad. Allí se desprenden los alcoholes, los éteres volátiles, que al oxigenarse liberan sus secretos. Son los "Aromas Secundarios" que provienen de la fermentación alcohólica y maloláctica. Salta la madera, la vainilla, el bosque, los hongos, los aromas que provienen de su elaboración (levaduras), un recuerdo de maderas (si hubo barricas o chips) o de la guarda en botella y hasta del corcho. Un tercer tiempo está conformado por los "Aromas Terciarios", adquiridos durante la crianza del vino, tanto en barrica (oxidación) como luego en botella (reducción) o en el conjunto de ambos. En realidad este aroma es el verdadero "bouquet", un perfume especial, que suele quedar en la copa, una vez acabada la bebida.
 
Hallar estos tesoros escondidos no es un misterio, porque todos tenemos una memoria olfativa, como un tesoro que acumulamos desde niños, que nos ayudará a descubrir el ángel del vino.
 
Dice el MW Michael Broadbent en su libro "Guía para conocer y degustar los vinos", que "la primera impresión es por lo general la más reveladora. Cuanto más maduro es el vino más importante es el aroma".
 
Es bueno entonces ir aprendiendo a reconocer aromas. Básicos y complejos. Y hay dos maneras. La primera es olfatear lo que tenemos a mano frutas, especias, flores, hojas, pasto, verduras, cuero, corcho, humo, tabaco, yesca, chocolate, hongos…
 
Otra forma es con el Set de Aromas. Que nació en Francia, pero hoy está en Argentina. Es el Aromaster que  reproduce químicamente 88 aromas naturales para desarrollar el olfato y reconocer cepas, vinificaciones, la edad del vino y sus defectos (cosa también muy importante). Con este set es mucho más fácil ir practicando la olfacción para luego reconocer aromas en una copa de vino y disfrutarlo a pleno.  
 
Y hoy la empresa nos comunica a través de su distribuidora y representante Silvia Ramos de Barton que también han sacado un set similar de Cognac, Puros, Whisky, Sake, Café y Cerveza. Más información en  Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla  o en la web oficial: www.aromaster.com
 
Y ahora, ¡¡¡a descubrir el vino que más nos gusta!!!
 

 

 

 

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