Vinos & bebidas


Vinos: Porqué guardar y cómo hacerlo… o no

Compramos vinos y ¿luego…?. Si son para tener una reserva interesante, habrá que tomar ciertos recaudos. Lo primero es leer las contra-etiquetas, que nos dirán si ese vino es apto para la guarda y durante cuánto tiempo. Si se elige la guarda por largo tiempo, hay que tener en cuenta que la cava de la casa debe seguir con las mismas o similares condiciones de ambientación de la vinoteca o de la bodega, oscuridad, paz, ambiente fresco y sin vibraciones ni ruidos. Existen en el mercado, cavitas con temperaturas controladas, ideales para la mayoría de los departamentos o casas actuales, donde es difícil contar con un espacio especial para una cava. Sin embargo hay quienes estiban en un placard, lejos de las calefacciones, que también es válido, para un lapso no muy largo.
 
Eso sí y es condición inevitable, que las botellas estén acostadas u oblicuas, con el líquido en contacto con el corcho. ¿Por qué?. Es que de lo contrario el corcho se reseca y dejará pasar aire que seguramente degradará al vino. 
 
Y si decidimos beberlo en un corto lapso, recordando un antiguo decir “lo primero es amar a Dios, lo segundo a la botella, tercero es buscar un buen amigo y cuarto beber con él”, evidentemente como se suele comprar por cajas, también habrá que guardarlo cierto tiempo. Entonces por favor nunca cerca de una fuente de calor y en lo posible en un lugar seco. Muchas veces, erróneamente, se hacen muebles de cocina con estantes tipo cava para arriba de las alacenas… por favor ¡jamás!. Recordar que el calor sube y ese lugar es el peor (y que me disculpen los diseñadores de muebles).
 
Y si por acaso sobra vino… taparlo bien y guardarlo en la heladera, en el estante de abajo, aunque sea tinto. Obviamente antes de beberlo, sacarlo del frío una hora antes.
 
Y la temperatura es otro tema. Eso de la “temperatura ambiente” no va, porque en verano o cuando hay calefacción esa temperatura es alta, por lo que el vino estará tibio. Esa expresión nace en la Francia del Siglo XIX, cuando en los castillos o grandes mansiones las botellas se guardaban en fríos sótanos y antes de llevarlas al comedor, calefaccionado con hogares, quedaban sobre mesas con otros alimentos en una habitación (o cámara) intermedia, donde la temperatura era mediana. Esa era la famosa temperatura “chambré” entre 16º y 17ºC, que luego derivó en “ambiente”. En realidad los blancos deberán estar entre los 7º y 12º y los tintos entre los 12º y los 18º, dependiendo si son jóvenes o de guarda, livianos o corpulentos.  Y ahora… amigos el tema queda en sus manos.