Vinos & bebidas


La pasta y su historia

Los argentinos amamos los fideos, ravioles, ñoquis… es decir que amamos la pasta en todas sus formas, aunque no tengamos ni una gota de italianidad en las venas. Es parte de la cocina argentina o por lo menos porteña más típica.  

Casa de maravillas con nuestros vinos y junto al asado es clásico almuerzo dominguero.

Y alguna vez nos preguntamos… ¿cómo surgió? ¿de dónde vino?. En la web de una empresa de pastas (Sorsi) leemos una breve historia que volcamos aquí para nuestros amigos.
 
"Si bien para algunos, podría considerarse a Marco Polo como el padre de la pasta, más correcto sería decir que habría sido él quien, tras uno de sus viajes al lejano oriente, la introdujo en la península itálica. Para mayor precisión aún, cuentan que habría traído el primer paquete de fideos allá por 1295". 
 
Pero según él mismo cita en el libro conocido como "Il Millone" haciendo referencia a su viaje a China: "les diré de otra cosa asombrosa. En esta provincia los árboles tenían harina y les diré como. Sepan que tienen árboles muy gruesos y muy grandes, que tienen la corteza delgada, y dentro de ellos están llenos de harina, y con esta harina se hacen pan y otros manjares como los que hacemos con la harina de trigo; y se hacen lasagnas que son muy buenas y que comí muchas veces".
 
Considerando que el famoso manuscrito no se conoció hasta bordear el 1300 y que Marco Polo habla en el de lasagnas (nunca de fideos), que ya ha comido en reiteradas ocasiones; estaríamos en condiciones de afirmar que seguramente no fue él quien llevo la pasta al continente europeo. Lo cierto es que los primeros indicios ciertos se encontraron en un bajorrelieve de una tumba etrusca de las afueras de Roma, del siglo II antes de Cristo: un rodillo para elaborar pasta y un cortador. Más adelante Platina, bibliotecario del Vaticano, escribió en el siglo XII, que los macarrones con queso eran una herencia proveniente de las cocinas de Génova y Nápoles. Y en un libro titulado "Olla Cocinera", del siglo XIII, se determinó que las lasagnas se comían como simple tira de pasta, en caldos enriquecidos.
 
Cabe destacar que en los inicios, el término "macarrones" (Maccheroni), designaba a la pasta como genérico, aunque  también sobre el origen de ese nombre hay una controversia.
 
Algunos lo atribuyen a: "Maccus", un bufón de la Roma Republicana. Otros lo derivan del término griego "makar", que se dedicaba a toda persona afortunada y sobre todo a los dioses. También se identifico el nombre con "makaria", palabra que en griego quiere decir felicidad y con la cual designaban una sopa de caldo y cebada que consideraban un manjar. Finalmente, y como versión más fiable es probable que "macarrones" derive del término "maccare", que, en latín, tiene el significado de "aplastar para amasar".
 
Pero como en la historia todo se mezcla, cual buena pasta, el responsable del sinónimo directo no es otro que el gran Leonardo Da Vinci, quien a causa de su forma, los rebautizo "spagho mangiabile" (soga comestible), que  luego derivó en "spaghetti".
 
En sus cuadernos de anotaciones, no se sabe que fue primero, si la invención de los spaghetti o del tenedor, ya que el mundo también le debe a Da Vinci un aporte a las buenas costumbres en la mesa. Como el agregado del cuarto diente del tenedor (hasta ese momento comían las pastas con las manos, ya que enrollarlas en un tenedor de dos dientes o tres es virtualmente imposible).
 
Pero el tiempo corre y la pasta llega a nuestro continente, más precisamente a los Estados Unidos, nada menos que de la mano de Thomas Jefferson, quien importó la primer máquina para hacer spaghettis. De allí en más, la historia es conocida por todos y los aromas de la niñez, el tuco de la abuela por ejemplo… se guarda como uno de los tesoros más preciados.
 
A fin de cuentas, hoy es imposible precisar el nacimiento exacto de la pasta, ya que posiblemente su origen se remonte casi a los inicios de la historia misma, por ser algo tan simple como moler diversos cereales y granos, mezclarlos con agua y cocerlos, transformándolos en los máximos manjares conocidos. (Fuente:  www.sorsi.com.ar)
 
Y nosotros decimos que cualquiera sea la forma de su viaje a nuestras mesas, lo cierto es que forma parte de nuestra vida. Y ¡es deliciosa!. Además tampoco es engordante (uno de sus mitos detractores) si no la unís a la carne o salsas pesadas. Es energética, como bien lo saben los deportistas. Y a los niños les encanta. ¡¡¡Viva la Pasta!!!