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Argentina, país bebedor de soda por excelencia!

¿Sabía usted que la soda, esa compañera fiel aunque a veces menospreciada del vino, nació en Inglaterra para rebajar el whisky? No están alejados entonces de su uso esos padres y abuelos que nos ponen colorados cuando osan “echar un chorrito” en copas propias y ajenas. De allí viene su origen al final de cuentas. Los ingleses, allá por 1870, fueron los precursores con esta bebida cuando descubrieron el gas carbónico.

Si bien tuvo su gran auge en otras épocas, el sifón todavía ocupa un lugar en muchas mesas argentinas. Muchas personas aún adoptan a la soda como bebida a la hora de comer. Es que esa refrescante sensación de burbujeo en la boca resulta preferible a un agua lisa y llana, sin efervescencia ni gracia. Y ni hablar de su envase, que tan pintoresco y con aires coleccionables decora y embellece con su presencia colorida.

La historia es rica e interesante. Su porvenir, quizás paradójico. La soda se comenzó a divulgar a través de los trabajadores ingleses que trabajaban con los ferrocarriles. Y la epidemia de Fiebre Amarilla que azotó a Buenos Aires en 1870 hizo complicado el consumo de agua, por lo que se traían grandes cantidades desde Inglaterra en toneles gasificados, porque así se evitaba que se echara a perder.

Cuando  comenzó a consumirse en nuestro país, se bebía o compraba solamente en bares, restaurantes y licorerías. El crecimiento de esta bebida y su industria estuvo ligada a que se le adjudicaban propiedades curativas o digestivas para sacar la pesadez tras una comida. Al inicio apenas algunas familias adineradas la usaban en el almuerzo o la cena. Con el transcurso de los años todo fue cambiando, la soda se convirtió en un producto masivo con entrega a domicilio en prácticamente todos los hogares del país.

Haciendo metafóricamente eco a su gran efervescencia, ¡el sifón de soda explotó! Y entonces se convirtió en compañera inseparable del vino, y hasta en testigo silenciosa de iniciación para muchos de nosotros mientras éramos niños. Un poquito de vino con soda era inofensivo y nos daba ese regocijo de placer de beber el elixir de los grandes. Hoy es menos común, pero todavía se ve su presencia en la mesa de algunas casas, en su uso doméstico.

En la calle sin embargo, la soda pasó de ocupar un lugar relevante en la cultura gastronómica vernácula a, prácticamente, desaparecer. El querido sifón fue desplazado por la moderna “agua con gas”, perdió su carácter único, su identidad ahora está dividida entre dos nombres, uno clásico, uno fashion. Claro está que los más fieles consumidores siguen apostando al sifón y se resignan a llamarla de otra forma. ¡Al pan, pan, al vino, vino y a la soda, soda!

Para amantes de la historia, existe un Museo de la Soda y el Sifón. Abre sus puertas únicamente los sábados y se encuentra en la ciudad de La Plata. Ver detalles en www.museodelasoda.com.ar  o www.clubdelsifon.com.ar

Marina La Forgia  (Periodista- Sommelier -desde Montreal- Canadà)