Anaquel

Había una vez una hojita …

…Que se desprendió de su árbol Camellia cinensis que adornaba el jardín del Emperador Chen Nung y revoloteando, cayó justo en el jarro de porcelana donde el monarca bebía su agua hervida y caliente. Fue hacia el 2737 a.c. El Emperador sintió brotar del agua un agradable aroma y se dio cuenta que aquella hoja intrusa, había mejorado el sabor de la bebida. A partir de entonces y durante 3000 años, el Té fue patrimonio del pueblo chino. Pero luego y gracias a los monjes japoneses que estudiaban en China, la costumbre del Té se fue expandiendo. La famosa ceremonia del té japonesa fue introducida por monjes budistas chinos en el siglo XV como una costumbre social semi-religiosa.
 
La primera mención del té fuera de China y Japón procede de los árabes hacia 850 DC y se dice que fueron ellos quienes lo introdujeron en Europa vía comerciantes venecianos (1559) Pero como siempre pasa, los orígenes se discuten y los portugueses y holandeses son quienes reclaman también esta difusión. Es probable que todos tuvieran razón, ya que fueron las naves portuguesas las que abrieron las rutas marítimas hacia China. 
 
Los jesuitas llevaron el hábito del té a su país, mientras que los marinos holandeses alentaron a los mercaderes a comerciar esta bebida, enviando un cargamento regular a los puertos de Francia, Holanda y las costas del Báltico en 1610. Con los holandeses el té llegó a Europa con la Dutch East India Company o Compañía Holandesa de las Indias Orientales, a principios del siglo XVII.

Quizá aquella primera hojita y su devenir histórico abrió el camino del Asia hacia el Occidente.  Como se ve,  la historia del Té no es tan simple. Las hojas de té llegaron hasta el nuevo mundo y se cuenta que los colonos que poblaban lo que hoy es New York (la antigua New Amsterdam, de los holandeses) bebían más cantidad de la infusión que toda la Inglaterra de ese momento.
 
El Té tuvo su participación fundamental en graves problemas económicos e incluso en guerras. Recordemos que la política británica hacia el té también favoreció la revolución americana. Protestas sobre los altos impuestos que recibía llevaron a la masacre de Boston (1770) y a la Boston Tea Party (donde se tiraron al agua unos $ 240 millones de dólares actuales en té) tres años después. Como todo lo que olía a Inglaterra, para los pobladores de las colonias en Norteamérica, a partir de este momento tomar té era antipatriótico.

La historia recuerda que el té participó en forma indirecta en la llamada Guerra del Opio. China le vendía a Occidente el Té, la porcelana, la seda… pero los occidentales no tenían nada para nivelar la balanza de las importaciones. Y Estados Unidos, el Reino Unido y Francia comenzaron a llevar opio al pueblo chino. Los campesinos aislados y los obreros comenzaron a gastar 2/3 de sus ganancias para mantener su adicción. El gobierno, dándose cuenta del peligro prohibió la entrada del Opio y expulso a los comerciantes británicos. La respuesta fue un ataque con la poderosa flota británica. Obviamente China tuvo que aceptar la rendición, con la firma del Tratado de Nankín (1842) por el que China cedía la isla de Hong Kong al Reino Unido y aceptaba la apertura de sus puertos al comercio internacional. El 1 de julio de 1997 Hong Kong fue devuelto a China (155 años después de la firma del tratado).

Hoy el Té –sobre todo el de alta gama, en hebras , negro, rojo, verde y blanco- se produce principalmente en India, Sri Lanka, Indonesia, Birmania, Japón y Taiwan. A fines del siglo XIX, británicos y alemanes establecieron plantaciones de té en África del Este. Argentina tiene buen Té negro en Misiones y Corrientes que se exporta en un 90%.

La historia de aquella “hojita voladora del Emperador” también sigue otros derroteros. Ha cambiado costumbres y a su compás se crearon todo tipo de objetos como teteras, tazas para té, implementos, dando comienzo a fuertes industrias en Occidente. Pero eso es motivo de otros relatos….